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Oración

Santos Padres


VICTIMAE PASCHALI

Victimae paschali laudes inmolent Christiani.

   Agnus redemit oves: Christus innocens Patri reconciliavit pecatores.

   Mors et vita duello conflixere mirando: dux vitae mortuus, regnat vivus.

   Dic nobis Maria, quid vidisti in via? Sepulcrum Christi viventis, et gloriam vidi resurgentis, angelicos testes, sudarium et vestes.

   Surrexit Christus spes mea; precedet suos in Galileam. Scimus Christum surrexisse a mortuis vere.

   Tu nobis victor Rex, miserere.

   Amen. Alleluia.

***************

En español oramos:

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

 

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte

en singular batalla

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?

A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

 

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.

 

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

 

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa

Amén Aleluya


 SÚPLICA PENITENCIAL:

QUIERES SALVAR A TODOS LOS HOMBRES

 

 Alma, considera en tu vida

el examen del terrible tribunal

y recuerda los gemidos del publicano,

para gritar compungidamente:

"Por las oraciones de los santos dame el perdón,

pues quieres salvar a todos los hombres".

 

Son muchos los que por el arrepentimiento han sido merecedores de tu amor a los hombres; Tú has justificado al publicano que gemía y a la mujer pecadora que derramó sus lágrimas. En efecto, Tú predispones la voluntad y procuras el perdón. Con aquellos conviérteme también a mí, pues tienes multitud de misericordias, y quieres salvar a todos los hombres.

 

 

Por gracia me has hecho hijo tuyo y heredero; pero yo al ofenderte, me he convertido en un cautivo y me he vendido al extraño pecado haciéndome un desgraciado. Ten compasión de tu propia imagen y llámame de nuevo, Salvador, pues quieres salvar a todos los hombres.

 

He oído que el profeta me exhorta a la salvación. En efecto, al decir que Tú estás cerca de los que te invocan, me estimula a gritarte y a llamarte en auxilio. Recuerda tus misericordias y, cómo Dios, levántame pues quieres salvar a todos los hombres.

 

¡Ay de mí! Qué poco dolor siento del pecado, al tener un falso el remedio! Éste me es favorable y éste se muestra acusador; al que parece que aconseja lo veo como insidioso e intenta precipitarme en el hoyo; líbrame de él, Salvador, pues quieres salvar a todos los hombres.

 

Siempre me siento azotado ocultamente, porque me remuerde la misma conciencia y poseo un tribunal ignominioso propio que me acusa, incluso me castiga antes de ser yo entregado al suplicio eterno. Corrígeme ahora y luego perdóname, Salvador, pues quieres salvar a todos los hombres.

 

 

Concédeme siempre cantar y glorificarte con una conducta limpia. Omnipotente, complácete en armonizar mis acciones con las palabras para que pueda salmodiar y recibir de ti lo que te pido. Procúrame el poder ofrecerte, Cristo único, una oración pura, pues quieres salvar a todos los hombres.  (Romano el Cantor s. VI)

 



BAUTISMO DE JESÚS,

 ¡luz inaccesible!

 

Al verte en las corrientes del Jordán

 queriendo ser bautizado,

 el gran precursor, oh Cristo,

 exclamó con alegría:

 “has venido, te has aparecido, luz inaccesible

  En la Galilea de los gentiles, en la región de Zabulón de la tierra de Neftalí, como dijo el profeta, brilló una gran luz, Cristo. A los que estaban en tinieblas se apareció una luz espléndida que surgía desde Belén, el Señor preferido de María hizo que salieran para todo el universo los rayos, “el sol de justicia”. Por eso los descendientes de Adán, desnudos todos, vayamos a revestirnos de Él para calentarnos. Para revestir a los desnudos e iluminar a los que están en tinieblas has venido y te has ha parecido, luz inaccesible.

 

Dios no despreció al que por engaño fue despojado del paraíso, perdiendo también el vestido que Dios había tejido. Vino a su encuentro llamando al desobediente otra vez con voz santa: ¿dónde estás, Adán? No te me escondas más; quiero verte, aunque estés desnudo, aunque seas pobre: no te avergüences, pues me he hecho semejante a ti. Aunque lo has deseado, no has podido hacerte Dios, pero yo ahora he preferido hacerme carne. Así pues, acércate a mí y reconóceme, para que puedas decir: “has venido, te has aparecido, luz inaccesible”.

 

He sido vencido por mis entrañas, puesto que soy misericordioso, y me he acercado a la criatura extendiendo las manos para abrazarte….

 

Sucedían entonces las cosas más grandes que jamás han sucedido, entonces el Señor de los ángeles se dirigió el siervo pretendiendo ser bautizado. Por eso el Bautista al reconocer al Creador y valorándose  a sí mismo, dijo temblando: ¡ven, Redentor. Ten suficiente con esto. Sé quién eres: ¡la luz inaccesible!

 

…Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, pero Tú vienes a mí y adelantándote  me pides lo que yo deseo pedirte  ¿qué buscas tú en el hombre, oh Amigo de los hombres? ¿Por qué inclinas tu cabeza ante mi mano? Ciertamente tú eres ¡la luz inaccesible!

 

¿Por qué has venido a estas aguas? ¿Qué iniquidad desea limpiar el que ha sido concebido y ha nacido sin pecado? Ciertamente Tú te acercas a mí… y me dices Bautízame… ¿hasta dónde vas a llegar? …Estoy necesitado de ti ¿cómo voy a bautizar al que es la luz inaccesible?

 

El que prevé todas las cosas, al contemplar el temor del precursor le respondió: muy bien, Juan, muy bien que estés temeroso ante mí; sin embargo déjalo ahora, en efecto conviene completar lo que está determinado de antemano. Déjalo ahora y abandona la timidez… Deja que tu mano se mueva como un ángel, para que bautices a la luz inaccesible.

 

No te suplico, Bautista, que sobrepases los límites…. únicamente que me bautices en silencio y siguiendo lo prescrito sobre el bautismo. En efecto, por ello tendrás su una dignidad que no se concederá a los ángeles, y hará de ti el mayor de los profetas. Ninguno de ellos me ha visto con claridad sino en figuras, sombras y sueños. En cambio ahora tú ves y tocas por su propia voluntad, a la luz inaccesible.

 

…Te muestro con claridad al Espíritu Santo y te haré oír la voz del Padre que me designa su verdadero Hijo y que gritará: “Éste es la luz inaccesible”.

 

Después de estas palabras estremecedoras, el hijo de Zacarías se dirigió al Creador: yo no discuto sino que cumpliré lo que me mandes. Entonces acercándose al Salvador, con la humildad de un esclavo, puso su mirada sobre Él, contemplando piadosamente los miembros desnudos de quien ordena a las nubes envolver el cielo como con un manto y viendo otra vez en medio de las aguas al que parecía estar en medio de los tres jóvenes, rociado en el horno, un fuego esplendoroso y compacto en el Jordán: la luz inaccesible.

 

Al ver estos prodigios, el hijo de Zacarías se metió en el agua como si fuera un sacerdote e impuso las manos sobre Cristo, gritando los presentes: mirad en el Jordán la lluvia voluntaria, el torrente de las delicias, como está escrito, contempladlo en las corrientes de las aguas en el río al que es un gran Mar. Así pues, nadie piense que yo soy un audaz sino un servidor. Él es el Señor y me ha dicho: “Hazlo”. Por eso yo bautizo a la luz inaccesible.

 

Yo soy débil, como mortal, pero el Dios del universo me ha dado la fuerza al decirme…”Imponme la mano y yo la fortaleceré” ¿Cómo hubiera yo podido, si no me lo hubiera dicho y se hubiese cumplido, cómo podría tener la fuerza para bautizar al Abismo, yo que soy de barro, si no hubiese recibido antes el mandato de lo alto? Ciertamente yo siento ahora que Él está junto a mí, que soy más de lo que era antes. Ved que me han transformado y glorificado por haber visto y tocado a la luz inaccesible.

 

Ya no diré como antes “no desatar el lazo de tus sandalias” pues ved que desde los pies llego hasta la cabeza. No piso ya la tierra, sino el mismo cielo, pues lo que he hecho es celestial. Más aún, sobrepaso los cielos; ellos llevan pero sin ver al que llevan, mientras que yo veo al que llevo. ¡Alégrate, cielo; y tú tierra, regocíjate! sed santas, fuentes de las aguas, porque con su aparición todo lo llena de bendiciones e ilumina a todos los hombres la luz inaccesible.

 

El hijo de Zacarías por mandato divino que llegó entonces bien alto su espíritu y extendiendo la mano, la puso sobre el rey, le bañó en las aguas y después sacó a la tierra al Señor de la tierra y del firmamento, que desde lo alto de los cielos fue señalado con la voz, como por el dedo, del que exclamaba: Este es mi Hijo predilecto. A aquel el Padre, al Hijo bautizado y al Espíritu Santo yo grito: “destruye a los que oprimen mi alma, Redentor, pon fin a mis penas, oh luz inaccesible”. (Romano el Cantor, s. V)

 


S. EFRÉN DE NISIBE (Mesopotamia. Siglo IV)

 

1. A tu madre, Señor nuestro, nadie sabe

cómo llamarla; que si uno la llama "virgen",

ahí está su hijo; y si "casada.",

ningún hombre la ha conocido.

Si hasta tu madre es inabarcable,

¿quién podrá abarcarte a Ti?

 

2. Madre tuya, en efecto, lo es sólo ella,

pero es hermana tuya, junto con todos.

Ella es tu madre, y tu hermana.

También es tu esposa, igual que las mujeres castas.

Con toda clase de adornos la has embellecido,

¡Tú, Belleza de tu madre!

 

3.Ella estaba desposada según la naturaleza,

antes de que vinieses. Y quedó encinta,

al margen de la naturaleza,

cuando viniste, ¡Oh, Santo!

Y era virgen

cuando te daba santamente a luz.

4. Contigo adquirió María

todas las propiedades de las mujeres casadas:

el niño en su seno, sin unión carnal;

la leche en sus pechos, de una manera insólita.

A la tierra sedienta la hiciste de pronto

una fuente de leche.

 

5. Si ella pudo llevarte,

es que tu montaña inmensa aligeró su peso;

si pudo darte de comer; es porque Tú quisiste tener hambre,

si pudo darte de beber, es porque Tú quisiste tener sed;

si pudo abrazarte, es porque el fuego, misericordioso,

protegió su regazo.

 

6. ¡Tu madre es un prodigio! Entró el Señor a ella,

y se volvió siervo; entró el Hablante,

y se quedó mudo en ella;

entró el Trueno, y acalló su voz;

entró el Pastor de todos,

y se volvió en ella cordero, que salía balando.

 

7. El seno de tu madre ha trastocado los órdenes.

El que dispone todas las cosas entró siendo rico,

 y salió pobre; entró a ella ensalzado,

y salió humilde;

entró a ella resplandeciente,

y se vistió para salir

de pálidos colores.

 

8. Entró el héroe, y se revistió de temor

en el interior del seno; entró el que a todos provee,

y adquirió hambre; el que a todos da de beber,

y adquirió sed;

desnudo, despojado,

salía de  ella el que a todos viste.

Traducción de Mons. D. Javier Martínez, Arzobispo de Granada


 

UNA NUEVA DIETA ESPIRITUAL

            “Este alimento, provechoso y adecuado para el niño recién formado y recién nacido, es dispensado por Dios -Padre nutricio todos los nacidos y regenerados- como el maná, celeste alimento de los ángeles, que manaba del cielo para los antiguos hebreos... Cuando el Padre, amante y benigno para con el hombre, derramó el rocío de su Logos, se convirtió Él mismo en alimento espiritual para los sencillos…. He aquí los excelentes alimentos que el Señor nos ofrece con largueza: nos da su carne y derrama su sangre. Nada falta a los niños para que crezcan. ¡Admirable misterio! se nos manda que nos desvistamos de la vieja corrupción de la carne -como nos hemos despojado del viejo alimento- y que sigamos un nuevo estilo de vida: el de Cristo; y que recibiéndolo a Él mismo, en la medida de lo posible, lo hagamos nuestro y metamos al Salvador en nosotros para destruir así las pasiones de la carne".(Clemente de Alejandría)

 

"Y de qué manera le dará su carne a comer, no lo enseña todavía, pues sabía que andaban a oscuras y eran del todo punto incapaces de conocer lo inexpresable... Ya que el poder aprender convenientemente es consecuencia de haber creído. Pues bien, era necesario que, con la fe previamente arraigada en ellos, fueran inducidos a una ulterior inteligencia de lo que ignoraban. Tengo para mí que esta es la razón por la que el Señor dejó de lado explicarles de qué manera le daría a comer su carne, y les invitó a pensar en la necesidad de crear antes de indagar. Efectivamente, para los que entonces ya habían creído, partió el pan y se lo dio diciendo: tomad, comed esto es mi cuerpo… ¿ves de qué manera los insensatos que todavía se niegan a creer sin indagar no les explica el cómo del misterio y en cambio hallamos que se lo expone con toda claridad a los que ya creen?” (Cirilo de Alejandría)

 


 

HIMNO A LA TRINIDAD

Venid fieles todos, adoremos

a Cristo, Salvador y amigo de los hombres,

Hijo de Dios y paciente, 

Soberano y único inmortal, 

a Él cantan las legiones angélicas

y glorifican las tropas de los incorpóreos;

gritan con bocas de fuego,

celebran con voces tres veces santas,

cantando el himno del Trisagio,

presentando un canto victorioso.

Celebran al Padre y Señor,

al Hijo entronizado con el Espíritu:

unidad indivisible la esencia,

que se divide en tres Personas.

Se venera el poder supra-divino,

y se canta por toda la creación. (Romano el Cantor s. VI)

 

ORAMOS AL ESPÍRITU SANTÍSIMO

Cuando descendió, dividió las lenguas,

el Altísimo dispersó las naciones,

cuando distribuyó las lenguas de fuego,

llamó a todos a la unidad;

y en armonía glorificamos al espíritu santísimo.

 

 

Cuando tuvo lugar la divina Pentecostés, los once iniciados se encontraban juntos e insistiendo en las oraciones, y como dice la lectura pública de los Hechos, tuvo lugar como un soplo de viento que descendió de lo alto del cielo; un fuego llenó toda la sala y sobre todo llenó de estupor a los predilectos; por eso, al ver la casa agitada como una embarcación, exclamaron: “¡soberano, aplaca la tempestad y envía al Espíritu santísimo”.

 

Pensando los sabios que toda la sala superior se derrumbaría por el viento, todos inclinaron sus ojos de miedo. Y sucedió otra cosa más estremecedora, y al primer temor sucedió un segundo temblor, una maravilla tras otra, pues unas lenguas otra vez de fuego que se encendían sobre ellos y se posaba en las cabezas de aquellos amigos, y no incendiaban sus cabellos, sino que iluminaron las mentes. Purificados y lavados, llegó hasta ellos el Espíritu santísimo.

 

Pedro, al ver todo lo que sucedía, exclamó “Hermanos, veneremos lo que vemos y no investiguemos. Que nadie pregunte qué es lo que vemos lo que está sucediendo está más allá de la inteligencia y supera el entendimiento. Espíritu y fuego se asocian, maravilla digna de fe y vientos y llamas se mueven juntos, terrible espectáculo antorchas con vientos, chispas con rocío ¿quién lo ha visto? ¿Quién lo ha oído? ¿Quién puede contar lo que es el Espíritu santísimo?

 

Así pues, vosotros amigos, levantaos y contemplad con sencillez el fuego que manda desde lo alto el que está en la altura. No temáis, pues los carbones no arden. No quedéis atónitos, pues este fuego no quema. En cambio recordad como sensatos que en otro tiempo un fuego se mostró a tres jóvenes y no quemó sus cuerpos ni un solo cabello, que el fuego que los recibió a los tres les hizo ver a un cuarto, porque restituyó a los que había recibido y tuvo miedo del Espíritu santísimo.

 

Por tanto Hermanos, cada uno de nosotros arranque el miedo del alma y demuestre su amor al que ha ascendido pues así como a los que llamó y porque ahora ha cumplido lo que había predicho y lo ha realizado como dijo ¿Por qué tememos a una llama que además no quema? pensemos que el fuego son rosas, pues esos son ha sido puesto sobre nuestras cabezas como si fueran flores con las que nos ha coronado, adornado y hecho brillantes el Espíritu santísimo.

 

Después de decir estas cosas a los apóstoles, Cefas guardó silencio con ellos y con ellos recibe el espíritu Santo. Así debía suceder a continuación, según está escrito. Como de corredores enviados delante, se había servido de dos prodigios, del fuego y del viento. Era conveniente que el espíritu precediera al prodigio; era necesario que la llama antecediera al iluminador y anticipase al mundo, como trompetas sonoras que lo mismo que puede y quiere desciende a la tierra el Espíritu santísimo.

Grandes y estremecedores eran estos sucesos y golpearon las mentes de todos. Repletos pues súbitamente del espíritu, todos se pusieron a hablar a los que los entendían tal como escuchaban: a los romanos no les hablaban como los bárbaros, a los partos como a sus semejantes y a los medos como a los suyos propios y a los elamitas les parecía extrañamente elocuentes, a los árabes les parecían al momento que eran fáciles de entender, y a los asiáticos y frigios les parecían perspicaces y precisos; a todos los gentiles les hablaban como se lo había concedido el Espíritu santísimo.

 

Pero cuando los que estaban allí en todas partes los vieron hablar en todas las lenguas exclamaron ¿qué quiere decir esto? Los apóstoles son galileos y ¿cómo entonces los vemos igual que si fueran conciudadanos de todas las naciones? Pedro, el llamado Cefas, ¿Cuándo  pudo vivir en Egipto? Y Andrés ¿cuándo vivió en Mesopotamia ¿cuándo pudieron ver los hijos des Zebedeo la región de la Panfilia ¿cómo podemos comprender estas cosas? ¿Qué podemos decir? Que sea totalmente como quiere el Espíritu santísimo.

 

Los pescadores de antes se han convertido ahora en oradores; los que antes se encontraban en las riberas de los lagos se han transformado ahora en retóricos intachable; los que al principio remendaban las redes, ahora atan las trenzas de los oradores y humillan con un lenguaje más sencillo: dice en una sola palabra frente a muchas, predican a un solo Dios frente a muchos, adoran al Uno como uno: al Padre incognoscible, al Hijo consustancial y al inseparable y semejante a ellos, al Espíritu santísimo.

 

Ciertamente ¿no es verdad que les ha sido concedido aventajar a todos en las lenguas que hablan? Y ¿por qué los forasteros que hablan son pendencieros? ¿por qué los griegos se vanaglorian y farfullan? ¿por qué se pavonea Arato el tres veces maldito? ¿por qué se engaña a Platón? ¿por qué se desea al débil Demóstones? ¿por qué consideran a Homero una quimera ociosa? ¿por qué repiten una y otra vez a Pitágoras digno de ser amordazado? ¿por qué no recurren con fe a los que se ha revelado el Espíritu santísimo

 

Cantemos, hermanos, a las lenguas de los discípulos, porque no han reanimado a todos con un discurso elegante, sino con fuerza divina; porque han deseado vivamente su cruz como un junco, porque se han servido nuevamente de las palabras como sedal y han pescado el universo, porque han recibido al Verbo como anzuelo penetrante, pues ha hecho para ellos como cebo, la carne del soberano de todos, no para cazarlos para la muerte, sino para sacar a la vida a los que veneran y glorifican al Espíritu santísimo.  (Romano el Cantor)

 


 

Ante Cristo Resucitado, María reconoce la voz de su pastor

 

Ciertamente María podía reconocer la voz de quien escucha los corazones y sondea las entrañas, por eso el verdadero pastor llamó a la corderilla que balaba y le dijo: “¡Maria!” ella en seguida, al reconocerlo, respondió: Sí, es mi buen pastor quien me llama para contarme entre las noventa y nueve ovejas. Detrás de quien me llama, veo legiones de Santos, ejércitos de justos y por eso no pregunto: ¿quién eres tú, el que me llamas? Ciertamente sé bien quién es el que me llama; ya lo he dicho: es mi Señor, el que da la resurrección a los caídos. (Romano el Cantor)

 

 

TÚ ERES RESURRECCIÓN Y VIDA

 

 Viniste a la tumba de Lázaro, Señor,

 

y resucitaste al de cuatro días entre los muertos,

 

encadenando al infierno, oh Poderoso.

 

Compadeciéndote de las lágrimas de María y Marta,

 

les exclamaste: “Resucitará

 

y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”.

 

 

 

Al ver la tumba y a los que hay en ellas, lloramos, pero no deberíamos hacerlo, porque sabemos que de allí han salido y dónde están y quién los retiene. Ciertamente han salido de la vida temporal, libres de sus penas; y están en reposo, aguardando la luz divina. Los retiene el Amigo de los hombres, que les ha quitado el vestido temporal para revestirlos con un cuerpo eterno. Así pues, ¿Por qué nos lamentamos sin razón? Porque no creen a Cristo que exclama: “Quien cree en mí no morirá, pues aunque vea la corrupción, sin embargo después de la corrupción resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres la vida y la resurrección”.

 

 

El creyente siempre puede lo que quisiere, puesto que posee la fe que puede todas las cosas y por ella prevalece junto a Cristo el que lo busca. En efecto, la fe es un gran bien, pues al hombre que la posee le hace el más fuerte de todos. María y Marta la tenían y se gloriaban, y cuando vieron que enfermaba su creyente hermano Lázaro, enviaron una misiva al creador, diciendo: date prisa, Soberano; mira, aquel al que amas se debilita, pero si corres también se salvará. Ciertamente, si manifiestas tu rostro, resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”.

 

 

 

Llamado por la fe de las hermanas, camina el que voluntariamente hace de Médico de los cuerpos y de las almas, diciendo enseguida a sus amigos: ¡poneos de pie! Vayamos a Galilea, en la que ya hemos estado. He recibido un mensaje que con gusto conozco bien, pues lo ha redactado la fe, lo ha escrito sin interrupción la esperanza y lo ha sellado el amor. ¿Por qué oculto lo que es manifiesto? Con fe, Marta y María  me suplican en favor de Lázaro, pues ahora está enfermo. Ciertamente, si yo me presento, resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”.

 

 

Dichas estas cosas, el que conoce todos los pensamientos, entonces permaneció dos días en el lugar en el que se encontraba, como dice la Escritura. Permaneció para que se manifestara la intención de los que lo amaban pues Marta, Lázaro y María amaban al Soberano, no una vez sí y otra no sino siempre, perseverando todos tanto en el alivio como en las preocupaciones. Por ello, viendo Cristo que la disposición aumentaba más, salvó una y coronó no a la otra; y respecto a Lázaro les había dicho: “resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”….

 

 

De nuevo dijo el Señor a sus discípulos: “Mirad, ahora Lázaro nuestro amigo se ha dormido, y deseo ir a despertarlo”. Ignoraban que el Redentor ya otra vez había llamado sueño a la muerte. En verdad, si Pablo hubiese estado allí, habría comprendido la palabra del Verbo, puesto que instruido por Cristo había enviado cartas a sus iglesias  llamando muertos a los que estaban adormecidos. Ciertamente ¿quién puede morir, si ama a Cristo? ¿Cómo puede sucumbir quien lo come? Tiene en el alma el misterio que preserva; por tanto, incluso si ha muerto, resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”.

 

Así pues, cuando comprendieron que el Señor había llamado sueño a la muerte, pues les había dicho también: “ahora voy a resucitarlo”, se hicieron señas entre ellos, sin duda con la mano y la cabeza, diciendo: “estamos viendo un milagro antes del milagro, y por eso también estamos acobardados, porque ¡no nos ha enseñado lo que nos ha dicho, que Lázaro haya muerto, sino que estaba enfermo, y predice lo que luego veremos! ¡Temor estupor y consternación! algunos han afirmado que éste es un simple hombre, y no ha disminuido su poder, pues pronuncia una palabra, y al instante el muerto resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”….

 

 

Altísimo Señor, Padre misericordioso de los humildes, que de la tumba, como de una tribuna, resucitaste a Lázaro cuando le devolviste a la vida con tu voz, concede contemplar tu rostro alegre a los que nos han precedido; y a nosotros danos el vivir el tiempo presente en tranquilidad y el final que tú quieras, para que, vivos o muertos, seamos gobernados por tu voluntad. Haz una señal, ordena un mandato, oh Soberano, di una palabra, decreta nuestra salvación, pues no destruyes a quien te ansía, sino que lo mantienes vivo y llamas al que ha muerto, y resucitará y se levantará diciendo: “Tú eres resurrección y vida”. (Romano el Cantor)

 

SAMARITANA: ALEGRÍA Y REDENCIÓN

 

Cuando el Señor  estaba junto al pozo, la Samaritana imploraba al Compasivo: “dame el agua de la fe, y recibiré las corrientes de la piscina, alegría y redención”...

 

 

Sacando sola agua del pozo ofreció a los demás lo que tenía; nadie le pidió y a todos concede profusamente del regalo; estaba sedienta y da con prodigalidad, sin haber bebido da de beber; sin todavía haber gustado, grita a los de su misma familia: “venid, ver el agua viva que he encontrado; no es acaso el mismo que da alegría y redención?

 

Así pues, nosotros que estamos sedientos, busquemos con diligencia todas las venas de esas aguas inmortales que la fe de la samaritana descubrió. Recordemos un poco las expresiones que tomamos del Evangelio y contemplando con habilidad a Cristo, el agua que aplacó entonces a la samaritana, veamos cómo ella misma da otra agua proveniente de esa agua y por qué entonces no dio de beber al que tenía sed y cuál fue el impedimento. En verdad, todo esto lo contiene la maravillosa Biblia

y concede alegría y redención.

 

 

Por tanto ¿Qué enseña la Biblia? Cristo es el que hace brotar la fuente de vida para los hombres; cansado del camino se encontraba sentado en una fuente de Samaría, y era la hora de más calor: como la hora sexta según está escrito, a mediodía, cuando el Mesías llegó a iluminar a los que estaban en la noche. La Fuente se unió a la fuente de agua para limpiar, no para beber; la Fuente de la inmortalidad se encontraba junto al torrente de la mujer desgraciada, como necesitada. Estaba cansado de caminar el que sin fatiga había recorrido a pie el mar, el que da alegría y redención.

 

 

Pero cuando el Misericordioso estaba junto al pozo como he dicho, entonces una mujer samaritana puso el cántaro  sobre los hombros y llegó, saliendo de Sicar, su ciudad. ¿y quién no estima dichosas la salida y la entrada de aquella mujer? Ciertamente salió con suciedad, pero entró como figura de la iglesia sin defecto; salió y absorbió la vida como una esponja; salió portando un cántaro y entró llevando Dios. ¿Quién no verá bienaventurada a esta mujer? Es más, ¿quién no venerará a la que ha venido de las naciones, a la figura, que ha recibido alegría de redención?

 

 

Llegó pues, la Santa y se acercó al cual pozo con prudencia, porque vio al Señor fatigado, sediento y que exclamaba: “Mujer, dame de beber”; ella no se violentó, sino que dijo con sorpresa: “¿y cómo tú siendo judío, me pides a mí?”. Invocó la verdad, después prometió prudentemente la bebida. En verdad no dijo: “no te doy de beber por ser de otra raza, sino que dijo: “¿cómo me pides?” Lo mismo que cuando la Madre de Dios había dicho al ángel: “¿cómo será eso?. ¿Cómo el que no tiene madre puede tomarme como madre, el que da alegría y redención?”

 

 

Mira, la samaritana de Sicar me parece a mí como un pintor de dos imágenes: de la Iglesia y de Samaría. Por eso no debemos pasarla inadvertida, porque tiene su encanto. En efecto dice todavía la mujer nuevamente al Creador: “¿cómo me has pedido? Si yo te doy de beber, al beber quebrantarás la ley judía y por el agua me entregaré a ti como esposo de la misma fe” ¡qué bellas las palabras de la samaritana! dibujan sobre el pozo la silueta del estanque de la cual ella es recibida como sierva por el que da alegría y redención.

 

 

“Escúchame ahora, mujer, exclamó Jesús; si tú conociera mi regalo y quien es el que te dice: “dame de beber”, serías tú quien le pedirías corrientes de vida, pues  da agua viva”. Ante estas cosas ella respondió perpleja: “no tienes cubo para sacar agua y el pozo es profundo, ¿de dónde te vendrá el agua? ¿Acaso eres mayor y mejor que el patriarca Jacob? Ciertamente fue él quien nos procuró en otro tiempo este pozo. ¿Cómo tú puedes decir ahora: “ yo puedo darte corrientes de vida, pues no ceso de dar, a quienes lo piden, alegría y redención?”.

 

 

“Mujer, no sabes lo que digo pues no has llegado donde deseo; por eso préstame oído y ábreme tu corazón, para que Yo entre y more en él; eso es lo que pretendo. En efecto cualquiera que beba de esta agua tendrá sed de nuevo; en cambio el agua que yo diere a los que abracen la fe será refrigerio para la sed; y en el interior de quienes la beban, el caudal de agua se convertirá en fuente burbujeante de inmortalidad que saltará hasta la vida eterna. Eso es lo que antiguamente recibieron los hijos de los hebreos en el desierto, pero no encontraron ni alegría ni redención”.

 

 

La samaritana ardía de sed con estas palabras y el orden se cambió: la que antes daba de beber estaba ahora sedienta, y el que desde el principio tenía sed, ahora da de beber. Así pues, la mujer se arrodilla y dice: “dame de ese agua, Señor, para que no tenga que volver a este pozo que Jacob me ha procurado. Que pase lo antiguo y florezca lo nuevo; que se deslice lo presente, porque ha llegado la hora del agua que Tú posees, que brote con abundancia y me refresque a mí y a todos los que con fe buscan alegría y redención”.

 

 

“Si quieres que te conceda esta corriente de agua pura, vete, llama a tu marido…. La mujer dijo: “No tengo marido ¡ay de mí! Y el Creador dijo a la mujer: “en realidad no lo tienes, pues has tenido cinco y el sexto no lo posees, para que puedas recibir alegría y redención”...

 

 

Comprendiendo la santa mujer la dignidad del Salvador por las cosas que había revelado, trataba de comprender mejor qué era y quién estaba junto al pozo. Sin duda, y con razón, estaba preocupada en estos razonamientos: “¿es Dios o un hombre lo que veo, un ser celeste o de la tierra? Fíjate que me parece reconocer a los dos en uno solo, que tiene sed y da de beber, que aprende y predice, que me invita a mí, pecadora, y me muestra todos mis extravíos, para que yo reciba alegría y redención.

 

 

Por consiguiente viene del cielo y lleva forma terrena; ciertamente es Dios y hombre; se muestra a mí como hombre y sediento, me da de beber y profetiza como Dios. En efecto, no podría conocer mi vida en cuanto hombre ni meterse dentro de mí misma; pero el Invisible que ahora se deja ver se mete dentro de mí y me reprende; es propio de Él conocerme y proclamar lo que soy. Agotaré su espíritu, beberé su conocimiento, en sus palabras lavaré toda la inmundicia de mis pecados, para que con una mente sin tacha pueda recibir alegría y redención.

 

 

¡Hijo mortal ante mi mirada, Hijo de Dios para mi mente, ilumina Tú mis entrañas, Señor, enséñame quien eres!”.  Con provecho se dirigía a Cristo la samaritana. “Mira, te veo con claridad; con fe te observo, y ya no te ocultarás para mí. ¿No serás tú el Cristo que los profetas anunciaron que vendría? Si eres tú, como ellos dijeron, dímelo con confianza, pues veo que realmente conoces lo que he hecho y todos los secretos de mi corazón, y por eso imploro con toda la mente que pueda recibir yo alegría y redención”.

 

 

Pero cuando el Vidente percibe las intenciones de la sabia mujer y la fe del corazón, en seguida le responde: “en efecto, aquel al que llamas Mesías, al que los profetas anunciaron que vendría ahora, ciertamente lo estás viendo y oyes su voz. Yo soy el que tú contemplas, yo soy el que tú tienes en medio de tu corazón; yo he venido por amor a ti, para atraerte y salvarte. Anúncialo ahora a todos los que deseen ser salvados en la ciudad de Sicar, a tus parientes y conciudadanos, y venid aquí todos juntos los sedientos de alegría y redención.

 

 

Las gentes de Samaría se reunieron con el Creador, abandonando las casas; también aparecieron en la fe como moradas de las que se hablan en las Escrituras divinamente inspiradas, como se dice: habitaré y caminaré, como está escrito, en las mismas moradas de quienes lo abandonen todo: campos padres y lo más querido, y seré su Dios y Salvador; ellos serán mi pueblo santificado, haciendo su morada en la eterna e indivisible Trinidad en la que brota sin cesar alegría y redención. (Romano el Cantor)

 

 

 

EL DIABLO FUE DERROTADO POR LA MISMA CARNE QUE HABÍA HECHO MISERABLE

 

El haber sido conducido al desierto, el ayuno durante 40 días, el hambre posterior al ayuno, las tentaciones de Satanás y las respuestas del Señor, todos estos sucesos comporta la realización de un gran plan del cielo. El haber sido conducido al desierto significa la libertad del Espíritu Santo, que siempre libera su humanidad del diablo, concediéndole la oportunidad de tentarlo y detener la ocasión que el tentador no habría gozado si Él no se la hubiera dado. En el diablo existía la sospecha que deriva del miedo, no un conocimiento proveniente de una sospecha. Ciertamente estaba preocupado por el ayuno durante 40 días: sabía que era el número de días en los que el agua del abismo había inundado la tierra; la tierra prometida había sido explorada, Moisés había escrito la ley de Dios y era también el número de años que el pueblo había permanecido en el desierto para vivir y comportarse como ángeles. Temiendo pues, este período de tiempo para tentar al que veía como un hombre, asumió un riesgo temerario. Él había seducido a Adán mediante el engaño y lo había llevado a la muerte. Pero a su maldad y a su crimen les convenía que fuera vencido en el hombre cuya muerte y contratiempos constituiría su gloria, y que quien había enviado al hombre los beneficios de Dios antes de la tentación no pudiera reconocer a Dios en el hombre. Así pues el Señor fue tentado después de ser bautizado, indicando con su tentación que las invectivas del diablo nos sobrevienen especialmente cuando somos santificados, dado que una victoria sobre los santos es lo que más le agrada.

 

Él no tenía hambre del alimento de los hombres, sino de su salvación. En efecto, tuvo  hambre después de los 40 días, no durante ellos; tampoco Moisés y Elías tuvieron hambre durante el mismo periodo de días. Por tanto, cuando el Señor tuvo hambre no fue la ausencia de alimento lo que sintió de manera furtiva, sino la virtud, que no había abandonado su naturaleza por el ayuno durante 40 días. En efecto, el diablo debía ser vencido no por Dios, sino por la carne, y, a pesar de todo, él no se hubiera atrevido a tentarla, si no hubiese reconocido en ella, por la debilidad a causa del hambre, lo que constituye parte de la naturaleza del hombre. (Hilario de Poitiers)

LA PERFECCIÓN DE AMAR AL ENEMIGO

 Quien quiere a sus amigos por su propio interés, y no por Dios, no tiene ninguna recompensa; puesto que el mismo querer le complace. Sin embargo, quien ama a su enemigo, no lo hace por su interés, sino por Dios; en consecuencia, tiene una gran recompensa, porque contradice sus propios instintos. Así pues, donde el trabajo es sembrado, allí se recoge el fruto. “Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Quien quiere a su amigo, ciertamente no comete pecado, pero no se ocupa de la justicia. En realidad está en la mitad del bien, ya que el hombre se aparta del mal, y no persigue el bien. Es perfecto, sin embargo, el que no sólo huye del mal, sino que también hace el bien. Por eso dice: “sed perfectos, para que no sólo queráis  a los amigos por evitar el pecado, sino también a los enemigos para poseer la justicia; porque lo primero libera de la pena, mientras que los segundo lleva a la gloria; y no es perfecta la imagen de Dios si no se asemeja a Dios en sus obras. (Anónimo sobre el Evangelio de Mateo)

 

SED VOSOTROS PERFECTOS COMO VUESTRO PADRE

 

Todas las cosas se perfeccionan con la bondad. Él lo ha terminado todo en la perfección de la bondad. En efecto, la ley obligaba al amor al prójimo y concedía la libertad de odiar al enemigo. En cambio la fe manda amar a los enemigos y mediante el sentimiento universal vence los impulsos de violencia en el espíritu humano no solamente a impedir a la cólera la venganza, sino también aplacándola hasta amar a los que nos han causado perjuicio. Amar a los que nos aman es propio de paganos y es normal querer a los que nos aman. De una parte, pues, Él nos llama a la herencia de Dios, y de otra también a la imitación de aquel que dispensa a los buenos y malos, con la venida de su Cristo, el sol y la lluvia en los sacramentos del bautismo y del Espíritu. Así nos forma Él a la vida perfecta con este lazo de bondad para con todos, puesto que tenemos en el cielo un Padre perfecto a quién imitar. (Hilario de Poitiers)

 

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

"El único Amigo de los hombres"

El coro angélico asómbrese ante la maravilla,

 los mortales cantemos un himno a voces

 al ver la indecible condescendencia de Dios;

 pues al que temen los poderes de los cielos,

 ahora sostienen unas manos ancianas,

 al único Amigo de los hombres.

 

Al hacerte hombre por nosotros mediante una Virgen

 

y alzado, como recién nacido, en brazos de un anciano,

 

levanta el cetro de nuestros fieles soberanos.

 

Fortalécelos en tu poder, oh Logos,

 

alegra tú su piadoso reino, único Amigo de los hombres.

 

Al santificar con tu nacimiento el seno virginal,

 

y bendiciendo, como conviene, las manos de Simeón,

 

también has venido ahora para salvarnos, oh Cristo Dios.

 

Pero concede la paz al estado en guerra

 

y da fuerzas a los reyes que te aman, único Amigo de los hombres.

 

 Acudamos a la Madre de Dios los que deseamos ver a su Hijo llevado ante Simeón. Al verlo desde arriba los incorpóreos quedaron atónitos diciendo: “cosas maravillosas contemplamos ahora, y paradójicas, incomprensibles e impensables, porque el que creó a Adán es llevado como un recién nacido. El inmenso es contenido en los brazos de un anciano. El que se encuentran en las entrañas ilimitadas de su Padre, voluntariamente se encuentra circunscrito en un cuerpo, no en la divinidad, el único Amigo de los hombres”.

 

Una vez dichas estas cosas adoraron de manera invisible al Señor y tuvieron por bienaventurados a los hombres, porque el que era llevado sobre las alas de los querubines moraba con ellos, y el Inaccesible a los ángeles se había aparecido cercano a los hijos de la tierra, y el que regula y conserva todas las cosas como Creador y forma a los niños en las entrañas maternas, ha nacido sin movimiento de la Virgen como un niño, y ha permanecido sin separarse del Padre y del Espíritu, el que es coeterno con ellos, el único Amigo de los hombres.

 

Mientras los ángeles entonaban un himno al Amigo de los hombres, María llevaba en brazos al que alzaba y reflexionaba sobre cómo podía ser Madre y permanecer virgen. Reconociendo el nacimiento sobrenatural, temía y temblaba y pensando en su interior decía estas cosas ¿qué nombre te pondré, Hijo mío? En efecto, te llamaré hombre, como te veo, pero estás por encima del hombre, al guardar intacta mi virginidad. Tú el único Amigo de los hombres.

 

¿Te llamaré hombre perfecto? Sin embargo yo sé que tu concepción es divina, porque ningún hombre ha sido concebido jamás sin relación matrimonial y sin semilla, como Tú, que no tienes pecado. Y si te llamase Dios, me maravillo al verte  igual a mí en todo, pues no tienes nada que te haya apartado de los hombres, excepto que has sido concebido y establecido sin pecado. ¿Debo alimentarte o glorificarte? las cosas te proclaman Dios intemporal, aunque seas hombre, el único Amigo de los hombres.

 

Así fue introducido en el templo del Señor, levantado juntamente con los holocaustos, como está escrito, a quien el bienaventurado Simeón recibió de las manos de la Madre. La alegría y el temor oprimían al justo Simeón, porque con los ojos del alma veía las regiones de arcángeles y ángeles que estaban con temor y glorificaban a Cristo. Y suplicando en su interior exclamaban: “Tú guárdame, y que no me consuma el fuego de la divinidad, oh único Amigo de los hombres”.

 

Yo, que soy desgraciado, me encuentro con fuerzas, porque he visto tu salvación, Señor. Tú eres la impronta totalmente perfecta de la incomprensible sustancia del Padre, el lucero inalcanzable, el sello inexorable de la divinidad, el resplandor de la gloria, la iluminación superior de las almas humanas en la verdad, el que existe antes de los siglos y lo has hecho todo. En efecto, eres la Luz que brilla a lo lejos, la Luz de tu Padre, inconfundible, ilimitada e incomprensible, aunque te hagas hombre, el único Amigo de los hombres.

 

Impulsado por Cristo te indico de antemano desde ahora cuál será la señal de contradicción. La señal será la cruz que los malvados levantarán para Cristo. Unos proclamarán Dios al crucificado, otros también hombre, y removerán las creencias de la impiedad y de la piedad. También unos supondrán el cuerpo celeste de Cristo y otros una fantasía. Otros también dirán que su carne no tiene alma, mientras que otros dirán que recibió un alma, el único Amigo de los hombres.

 

Este misterio será objeto de disputa, porque constituirá una duda en tu mente. Ciertamente, cuando veas clavado en la cruz a tu Hijo, oh Inmaculada, recuerda las palabras que te ha dicho el ángel sobre la concepción divina, sobre los indescriptibles milagros y enseguida te guardarás. La decisión será para ti como una espada de dolor. Sin embargo, juntamente con ella Dios enviará una curación rápida a tu corazón, y a sus discípulos una paz invencible, el que es el único Amigo de los hombres.

 

Después de hablar estas cosas a la Inmaculada, el anciano justo exclamó ante el niño: “ahora despide en paz a tu siervo, porque te he visto, Señor. Déjame ir a la vida sin fin, la vida que no tiene parangón alguno, puesto que esto fue lo que me prometiste antes de venir al mundo. Así pues, cumple para mí el propósito de tu palabra, oh Logos. Envíame hacia Abraham y los patriarcas, oh Santísimo, y libérame en seguida de los mortales, el único Amigo de los hombres.

 

En efecto, las cosas de esta vida son muy dolorosas, son penosas, como momentáneas y destinadas a un fin total. Precisamente por eso has alejado a todos tus hombres justos de las cosas de aquí abajo. Al procurar que Enoch y Elías no gustaran de la muerte, Señor, te dignaste trasladarlos secretamente de las cosas de aquí abajo, para que moraran en lugares luminosos y sin gemidos. Por tanto, apártame de las cosas pasajeras, oh Creador, y recibe mi alma y cuéntame también entre tus santos, el único Amigo de los hombres.

Por tu bondad te has aparecido como vida y resurrección de todos. Así pues, libérame de esta vida, oh Dios mío, envíame a la vida inmortal como inmortal. Entrega mi cuerpo a la muerte sensible como a todos tus amigos, y concédeme, oh Compasivo, la vida espiritual y eterna. Lo mismo que te he visto corporalmente y he sido merecedor de levantarte en vilo, que vea yo también tu gloria, la que tienes juntamente con tu Padre y el Espíritu Santo, porque también allí tú permanece es lo mismo que has venido aquí el único Amigo de los hombres.

El rey de los poderes recibió la súplica del justo Simeón y el Invisible respondió: “Ahora te libero de las cosas temporales, amigo mío, en vista de los lugares eternos. Te envío con Moisés y los demás profetas. Anuncia todos lo que se ha dicho en las profecías; he aquí que me he presentado y he nacido de la Virgen, como ellos han anunciado. He aparecido en el mundo y me he mantenido entre los hombres, como los profetas han proclamado. En seguida yo te precederé, una vez que haya rescatado a todos, yo que soy el único Amigo de los hombres.

Te suplicamos, Santísimo y Paciente, vida y resurrección, fuente de la bondad, que mires desde arriba y te fijes en todos los que siempre confían en ti. Libera nuestra vida, Señor, de la ira, de la necesidad y de la aflicción; conduce a todos en la fe de la verdad por la intercesión de la santa y virgen Madre de Dios. Salva a tu mundo, salva a tu rebaño y cuida de todos, puesto que por nosotros te has hecho hombre de manera constante, oh el único Amigo de los hombres. (Romano el Cantor, S. VI)

  

 

 

ESTROFAS NAVIDEÑAS

 Marchad adelante poderes angélicos. Habitantes de Belén, preparad el pesebre, porque nace el Logos, aparece la Sabiduría. Dale un abrazo, Iglesia, para alegría de la Madre de Dios.

 Pueblos, digamos: “Gloria a ti, y bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Oh Virgen, ha sido declarada montaña espiritual; de ti ha sido extraída la Piedra angular, que el profeta vio que destruya la imagen, lo mismo que esa piedra ha roto el poder del maligno corruptor de los hombres.

 

Por eso debemos exclamar: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Pastores, escuchad el sonido de la trompeta. Magos, tened horror a las palabras mágicas. En efecto, el Logos es engendrado, Dios se manifiesta. Hijas de reyes, entrad en la alegría de la Madre de Dios.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

La Virgen, sin conocer a varón alguno, ha dado luz a la Alegría. La tristeza del antepasado por siempre ha sido suprimida. El increado nace. El inmenso se hace sitio. Hoy se manifiesta la Gracia, hoy el extravío ha sido debilitado.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Pastores, arrojad la flauta pastoril y cantad al Señor en Belén, porque ha nacido de una muchacha el que rescata al mundo y es desligada la maldición de Eva por el que ha nacido de la Virgen.

 

Pueblos digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

¿Qué inteligencia humana podrá explicar tu parto?¿cómo podremos llamarte gloriosísima María? Ciertamente en ti se encarnó el que modeló la creación. “Alégrate”, clamaré a la Cordera. Alégrate, clamaré a la Virgen.

 

Pueblos digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Aplaudamos ahora con gritos de júbilo, organicemos un coro angélico, porque el Señor ha nacido de María, la Virgen, para levantar a los caídos y engendrar y enderezar a los postrados, que exclaman con fe:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”..

 

Mira, Virgen que has dado a luz al Emmanuel, también se han cumplido las profecías de los portadores de Dios. La vara ha germinado, como dijo Isaías. Se te ha dado a conocer en medio de dos animales al que has traído para la salvación de tu pueblo, por eso exclamamos:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Se ha encarnado el Autor de la ley sometido a la ley. El Hijo eterno ha sido engendrado en una Virgen. El Artífice de todo se ha reclinado en un pesebre. El engendrado por el Padre sin una madre ha nacido de una Virgen sin un padre.

 

Pueblos exclamemos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

En realidad ahora la alegría ha dado a luz en una gruta. Hoy los coros de los incorpóreos se alegran. Las todas las naciones cantan a la Virgen pura, porque hoy da a luz al Salvador, hoy baila el abuelo (Adán).

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

El coro de los ángeles canta un himno para ti, María, luminosa y sin marido, y alegrándose baila justamente en tu parto. Alégrate, esperanza de tus siervos. Salve, protección de los que piensan rectamente.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

El Espino divino se ha reclinado en un pesebre, el que es glorificado en un trono arriba junto con el Padre, porque voluntariamente se ha encarnado, sin abandonar las moradas del cielo. Temor y alegría acompañan al que está en el seno de una Madre y entre sus brazos.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Lo mismo que has florecido de un Padre sin una madre, de la misma manera te has hecho hombre de una Madre sin necesidad de padre; y el que es incorpóreo, nuevamente tiene cuerpo. Por eso los querubines te glorifican “Gloria a ti, Dios, en las alturas”.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

El gran misterio divino y piadoso del Padre se ha manifestado al mundo gracias a una muchacha, porque el que conserva todas estas cosas se ha hecho niño, ha tomado voluntariamente la forma de la carne de Adán a partir de una mujer sin relaciones de matrimonio.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Una flor nacerá de la vara de Jesé, se predice por el radiante profeta. En efecto, miremos a la Virgen que por encima de la naturaleza, da a luz el Espino anhelado desde el cielo, y está sentado en el trono con el Padre las alturas.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Apresuraos, por tanto, vigilantes pastores. Mirad a Dios que juega como un niño de manera inalterable; cesad, los que tocáis la flauta, y los que danzáis contemplad, porque la Madre de Dios tiene sus brazos al hijo anterior a la aurora.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Un profeta te preanunció antiguamente como Monte de Dios a ti la Virgen sin marido, augusta y gloriosísima. En efecto, la Piedra dividida de tu vientre es nuestro Salvador. Adán  cosecha la libertad, desata las ataduras del pecado.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Cantad incesantemente un himno de alabanza al Señor que nace en Belén, porque se ha hecho carne sin semilla y en verdad ha nacido. Pueblos, celebremos con cánticos junto a los ángeles: “Gloria a Dios a las alturas”, exclamando confiadamente:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Enséñanos a regocijarnos, oh Virgen, con tu parto místico, envuelto entre pañales en un pesebre, porque morando en tu seno no rompió tu virginidad. Encarnándose voluntariamente, aparece el Logos que se hace carne de manera inexplicable.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Los pueblos verán al Salvador de la gloria que surge de un seno virginal. Ciertamente los pastores se maravillan, y los Magos le ofrecen incienso, oro y una especie de mirra, símbolos para los creyentes de la Trinidad.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Adán es hoy liberado del error y de sombrío engaño del criminal. Ciertamente Cristo, como hombre, recibe el cuerpo que proviene de la Virgen y llamando a Adán quita la perdición a partir de la Virgen.

 

Pueblos, digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Símbolo del arca es prefigurada la Virgen que dio a luz a Dios, propiciatorio del universo, en la que también estaba la urna y el maná, y gracias a ella Israel fue guiado. Por eso también nosotros debemos decir un himno:

“Bienaventurada la que dio a luz a Dios de manera indescriptible”.

 

Indescriptible y estremecedor es el misterio del Logos para todos los hombres y ejércitos de fuego, pues apoderándose de los poderes incorpóreos se hizo carne. Pero cómo ha venido, se oculta a todos. Por eso debemos decir:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Congratulaos cielo y tierra porque veis al Emmanuel, que los profetas anunciaron, como un hombre visible reclinado en un pesebre, a quien  los coros de los incorpóreos tiemblan siempre cuando miran atentamente. Digámosle:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Las dignidades angélicas han conocido perfectamente que hoy ha nacido el que, con el Padre, ha organizado todas las cosas, y los Magos proclaman: “Cristo ha nacido hoy de la Virgen para nuestra salvación”. Por eso exclamad:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

“Ahora corramos con premura a Belén y conozcamos exactamente la voz de la esperanza”, dijeron unos a otros los pastores que estaban en el campo. “En verdad es extraño lo que se ha dicho pero aún  más estremecedor es lo que se oye; por eso digamos:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Al contemplar en el indigente, como un niño que descansaba en un pesebre, al único benefactor y Señor de todos, el coro campestre de los pastores, juntamente con los ángeles, exclamó gozoso: “Gloria a Dios en las alturas”, por eso debemos decir:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Enseñados sabiamente por Dios, los Magos se presentaron en seguida desde Oriente buscando al recién nacido, Rey de la creación. En efecto, al ver la estrella matutina que brillaba con nitidez y como eran sabios dijeron con lucidez:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Llevando incienso, oro y mirra, y viendo el resplandor de la brillante estrella, los Magos se lo ofrecieron al recién nacido, de ahí que también reconocieran al que se manifestaba proviniendo de la Virgen pura. Por eso exclamaron:

 

“Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

He aquí que la Virgen pura exclamó “doy a luz ahora al Niño que está por encima del pensamiento y la palabra, al Dios que Isaías anunció…, que ilumina todas las cosas que conserva esta incorruptibilidad y que libera el pecado de Adán.

 

Por eso digamos: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

Ejércitos y poderes celestes cantan asiduamente en el cielo un himno y claman sin cesar. Y los mortales adorando en la cueva, exclaman “gloria a ti, Cristo que has bajado para salvar de la maldición a los terrestres.

 

Por eso debemos decir: “Gloria a ti, bienaventurado Dios, nuestro recién nacido”.

 

(Romano el Cantor, S. V)

DIOS SE ENCARNA EN MARÍA PARA LLEVAR A LA HUMANIDAD A LA GLORIA

Queriendo revelarte, oh sierva, la voluntad anterior a todos los siglos, llegó Gabriel y puesto de pie ante ti, te saluda diciendo: “¡alégrate, tierra no sembrada!¡alégrate, arbusto ardiente que no se consume! ¡alégrate, profundidad inescrutable! ¡alégrate, puente que conduce al cielo! ¡alégrate, escala que Jacob vio colocada en alto! ¡alégrate, frasco divino de maná! ¡alégrate, liberación de condena! ¡alégrate, restablecimiento de Adán, pues el Señor está contigo!.

“Tú te apareces ante mí como un hombre -dice la sierva inmaculada al jefe de los ejércitos celestiales- ¿cómo me diriges palabras sobrehumanas? Has dicho que Dios estaba conmigo y hará su morada en mi vientre. ¿Cómo podré ser la morada espaciosa y el lugar Santo de Dios que cabalga sobre querubines? No me seduzcas con engaño; yo no he conocido placer, no he contraído matrimonio, ¿cómo voy a tener un niño?

“Dios quiere superar el orden de la naturaleza -contestó el ángel que no tiene cuerpo- y realizará lo que está por encima de los hombres. Confía en mis palabras, que son verdaderas, oh santísima e inmaculada. Y ella imploró: ¡hágase ahora en mí según tu palabra, y engendraré al que no tiene carne y le prestaré mi propia carne, para que con esta unión lleve a los hombres hasta su antigua gloria, pues sólo él puede hacerlo así”. (Anónimo. Poema del sobre la Anunciación)

EL MISTERIO DE LA ETERNIDAD ENTRA EN EL TIEMPO

Oh maravilla ¡Dios entre los hombres, el infinito en un útero, el Eterno en el tiempo! y es extraordinario también porque la concepción tiene lugar sin semilla, la humillación es inefable, ¡oh gran misterio! Dios se abaja, se encarna y se hace una criatura, cuando el ángel dice a la Virgen “¡alégrate llena de gracia, el Señor que tiene gran misericordia, está contigo. (Juan el Monje, Poema sobre la anunciación)

MARIA CONCIBE AL CREADOR

Gabriel bajó volando desde la bóveda del cielo hasta Nazaret, y colocándose delante de la Virgen María le dijo: ¡alégrate porque vas a concebir a un hijo más antiguo que Adán, el creador del universo y salvador de los que te imploran. ¡Alégrate, virgen pura!.

Gabriel trajo desde el cielo la buena noticia a la Virgen  le dijo: ¡alégrate! Iba a concebir  en su carne lo que el mundo no puede contener y brillaría delante del Padre más que el lucero de la mañana.

La palabra coeterna del Padre sin principio, sin dividirse en  lo alto, ha descendido ahora aquí abajo porque tiene misericordia de nosotros. Al asumir la pobreza de Adán se revistió con una forma extraña a Él. (Anónimo. Himno en la Anunciación)

ASÍ SERÁ LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE

Los que oyen con toda claridad el evangelio y lo viven de modo que nada de él les está oculto, no se preocupan demasiado si el fin del mundo vendrá de repente o gradualmente; tan sólo tienen presente que el final de cada uno tendrá lugar sin conocer el día ni la hora de su muerte. Y como “el día del Señor” vendrá como un ladrón sobre cada uno de nosotros, es necesario estar vigilantes tanto por la tarde (es decir en la juventud), cómo a medianoche (es decir en la madurez de la azarosa vida humana), como al amanecer (es decir, en la vejez), como al mediodía (cuando la ancianidad está ya avanzada), para que cuando venga Dios, el Verbo, para llevar a la plenitud su vida, sea reunido aquel a quien “no le haya entrado el sueño” y se “haya dormido”, guardando el mandato: “vigilad orando en todo tiempo”…

Conozco otra plenitud del varón justo, que en su afán apostólico puede afirmar: “¡Que yo nunca me gloríe mas que en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo!”. Porque de algún modo el fin del mundo ya ha llegado para quien el mundo está crucificado. Y quien está muerto a las cosas mundanas, ya para él ha llegado el día del Señor, en el que tiene lugar la venida del Hijo del Hombre sobre su alma, porque ya no vive para el pecado ni para el mundo. (Orígenes).

NO SABÉIS EN QUÉ DÍA VENDRÁ

Por lo tanto, velad. Es como si dijera: si todos supieran cuándo habían de morir, para aquel día absolutamente reservarían su fervor. Así pues, para que no limiten su fervor a ese día, el Señor no revela ni el común ni el propio de cada uno, pues quiere que lo estén siempre esperando y sean siempre fervorosos. De ahí que también dejó en la incertidumbre el fin de cada uno.

Luego, abiertamente se llama a sí mismo Señor, cosa que nunca dijo con tanta claridad. Mas aquí me parece que intenta también confundir a los perezosos, pues no ponen por su propia alma tanto empeño como ponen por sus riquezas los que temen el asalto de los ladrones. Porque cuando éstos se esperan, la gente está despierta y no consiente que se lleven nada de lo que hay en casa. Vosotros empero, les dice, no obstante saber que vuestro Señor ha de venir infaliblemente, no vigiláis  ni estáis preparados, a fin de que no se los lleven desapercibidos de este mundo. Por eso aquel día vendrá para ruina de los que duermen. Porque así como el amo, de haber sabido la venida del ladrón, lo hubiera evitado, así vosotros, si estáis preparados evitaréis igualmente.

Después como les había recordado el juicio, vuelve su discurso los maestros, hablándoles de castigos y de honores. Y pone primero a los que obran bien y termina en los que pecan, con lo que deja una impresión final de espanto. (Juan Crisóstomo).

 

LA VIRGINIDAD HACE PROBAR LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

 

Conservad, vírgenes, conservad lo que empezasteis a ser, conservad lo que seréis. Os está reservado un magnífico galardón, el gran premio de la virtud, el mayor don de la castidad. ¿Queréis saber de qué males os libra y qué beneficios os reporta la virtud de la castidad? “Multiplicaré, dice Dios a la mujer, tus congojas y gemidos, y parirás a tus hijos con dolor, hacia tu marido irá tu  apetencia y él tendrá dominio sobre ti”. Vosotras estáis libres de esta sentencia, no tenéis que temer las congojas y gemidos de las mujeres; ningún temor al parto de los hijos, ni al dominio del marido; vuestro Señor y cabeza es Cristo como vuestro esposo, con quien compartís vuestra suerte y condición. Del Señor son las siguientes palabras: “los hijos del siglo engendran y son engendrados, más los que son dignos de aquel otro siglo y de la resurrección de los muertos, no se casan, ni contraen matrimonio. Pues no llegan a morir, ya que son iguales a los ángeles de Dios, por ser hijos de la resurrección”. Lo que todos hemos de ser, ya habéis comenzado a serlo vosotras. Vosotras ya poseéis  la gloria de la resurrección en este mundo; pasáis por él sin contagiaros de él. Si perseveráis castas y vírgenes, os hacéis iguales a los ángeles de Dios. (Cipriano)

 

EL CONCEPTO JUDÍO DE LA RESURRECCIÓN

 

Los saduceos formaban una secta dentro del judaísmo, que no creía en la resurrección. Los judíos fluctuando y dudando, no podían dar respuesta a los saduceos que les proponían tal cuestión, porque pensaban que la carne y la sangre podían poseer el reino de Dios, es decir, que la corrupción podía poseer la incorrupción. Llegó la Verdad, y los saduceos, engañados y engañadores, interrogan al Señor proponiéndole la misma cuestión. El Señor que sabía lo que decía y deseaba que nosotros creyéramos lo que desconocíamos, responde, con la autoridad de su majestad, lo que hemos de creer. El apóstol lo expuso en la medida en que le fue concedido; nosotros hemos de entenderlo en cuanto nos sea posible. (Agustín)

 

ZAQUEO, BAJA PRONTO, PORQUE CONVIENE QUE HOY ME QUEDE EN TU CASA

 El Señor que había recibido a Zaqueo en su corazón, se dignó ser recibido en casa de él. Le dice: “Zaqueo, apresúrate a bajar, pues conviene que yo me quede en tu casa”. Gran dicha consideraba el ver a Cristo. Quien tenía por grande e inefable dicha el verle pasar, mereció inmediatamente tenerle en casa. Se infunde la gracia, actúa la fe por medio del amor, se recibe en casa a Cristo, que habitaba ya en el corazón. Zaqueo dice a Cristo: “Señor, daré la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado le devolveré el cuádruplo”. Como si dijera: “me quedo con la otra mitad, no para poseerla, sino para tener con qué restituir”.

He aquí, en verdad, en qué consiste recibir a Jesús, recibirle en el corazón. Allí, en efecto, estaba Cristo, estaba en Zaqueo, y por su inspiración se decía a sí mismo lo que escuchaba de su boca. Es lo que dice el apóstol: “que Cristo habite en vuestros corazones por la fe”. (Agustín)

 

EL PUBLICANO Y EL FARISEO

 El publicano “quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo”. Se le ve absteniéndose de todo discurso pomposo. Parece desprovisto del derecho a hablar y derrotado por el desprecio de su conciencia. Temía que Dios lo viese, ya que no había guardado sus leyes y había llevado una vida impura y libertina. También podéis ver que se acusan de su propia depravación con gestos externos. El insensato fariseo  se quedó allí de pie, a sus anchas, levantando los ojos sin reparos, presentándose como testigo de sí mismo y lleno de orgullo. El otro siente vergüenza por su conducta. Tiene miedo de su juez. Se golpea el pecho. Confiesa sus pecados. Muestra su enfermedad como al médico y reza para que sea compasivo. ¿cuál es el resultado? Escuchemos lo que dice el juez: “éste bajó justificado a su casa y aquel no”.(Cirilo de Alejandría)

 

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 El fariseo que oraba decía de sí mismo cosas verdaderas, pero las decía con orgullo, mientras que el publicano hablaba de sus pecados con humildad, por eso la confesión de los pecados de éste último fue más agradable a Dios que el alarde de las peticiones del primero. Es más arduo confesar los pecados de uno mismo que las virtudes, y Dios mira al que lleva mayor carga. Así pues, a los ojos de Dios el publicado se entristecía más que el fariseo y bajó más justificado que el otro por haberse humillado más. Por tanto si el fariseo era malo, con su oración añadió más iniquidad; en cambio el Señor purifica al publicano de su maldad. Aunque  el fariseo suplicaba, su oración provocó la cólera de Dios; sin embargo la oración del publicano le confirió algo distinto de la cólera. (Efrén de Nisibi, comentario al Diatessaron).

 

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Los hombres que no se olvidan de lo que son comprenden  fácilmente cuan útil y necesaria es la medicina de la penitencia. Está escrito: “Dios resiste a los soberbios y da su gracia los humildes”. Aquel fariseo no hallaba tanto gozo en su salud como en el compararla con las enfermedades ajenas. Dado que había venido al médico, le hubiera sido más útil mostrar, confesándolos, los males que le tenían enfermo a él, en lugar de ocultar sus heridas y osar gloriarse frente a las cicatrices ajenas. No es, pues, extraño que saliera más curado el publicado, que no tuvo reparos en mostrar lo que le dolía. (Agustín)

 

 

LOS QUE CLAMAN DÍA Y NOCHE

 ¡Cuán dichosos son aquellos siervos, a quienes el amo a su llegada encuentra velando! Feliz aquella vigilia en la cual se espera al mismo Dios y Creador del universo, que todo lo llena y todo lo supera.

¡Ojalá se dignara el Señor despertarme del sueño de mi desidia, a mí, que, aun siendo vil, soy su siervo!

¡Ojalá me inflamara en el deseo de su amor inconmensurable y me encendiera con el fuego de su divina caridad! resplandeciente con ella, brillaría más que los astros y todo mi interior ardería continuamente con este divino fuego.

¡Ojalá mis méritos fueran tan abundantes que mi lámpara ardiera sin cesar, durante la noche, en el templo de mi Señor e iluminara a cuantos penetran en la casa de mi Dios! Concédeme, Señor, te lo suplico en nombre de Jesucristo, tu Hijo y mi Dios, un amor que nunca mengüe, para que con él brille siempre mi lámpara y no se apague nunca y sus llamas sean para mí fuego ardiente y para los demás luz brillante.

Señor Jesucristo, dulcísimo Salvador nuestro, dígnate encender tú mismo nuestras lámparas para que brillen sin cesar en tu templo y de ti, que eres la luz perenne, reciban ellas la luz indeficiente con la cual se ilumine nuestra oscuridad y se alejen de nosotros las tinieblas del mundo.(San Columbano Abad)

 

QUEREMOS QUE NOS CONCEDAS LO QUE TE VAMOS A PEDIR

 Ellos pensaban entrar en el reino pero sin pasar por la cruz y la muerte. En efecto, habían oído mil veces hablar, pero no podían entender con toda claridad, porque todavía no poseían la noción exacta de lo que les enseñaba; por eso ellos pensaban que se trataba de un reino visible que reinaría sobre Jerusalén. Así, haciendo un descanso del camino, y pensando que era el momento oportuno, le hicieron esa pregunta. Se separan también del grupo de los discípulos y acaparándole totalmente para ellos, le solicitan en lugar de honor y de ser los primeros de todos los demás, pensando que las cosas llegaban a su fin, que todo estaba determinado, que era ya el momento de las coronas y de los premios. (Juan Crisóstomo).

 

EL CAMINO HACIA LA GLORIA

 

Ellos le convidan a la gloria, más Él quiere que la humillación preceda la exaltación, y que la humillación prepare el camino a la gloria. También buscaban ciertamente la gloria aquellos discípulos que querían sentarse el uno a su derecha y el otro a su izquierda; miraban adónde, pero no veían por dónde. El Señor les volvió al camino para que llegasen con orden a la patria. La patria es alta y el camino, humilde. La patria es la vida de Cristo, y el camino, la muerte de Cristo. La patria es la morada de Cristo, y el camino, la pasión de Cristo. El que rehúsa el camino, ¿por qué busca la patria? (Agustín).

AUMÉNTANOS  LA FE

 Aumentar la fe es reforzarla por el Espíritu Santo. Observa a los santos apóstoles, convertidos en émulos de los santos más antiguos. Pues ¿qué es lo que piden a Cristo? “Aumenta nuestra fe”. No piden fe sin más, no vayas a pensar que son incrédulos, sino más bien que Cristo les aumente su fe, es decir, que se la consolide. Porque en lo que a fe se refiere, parte depende de nosotros, pero parte es un don de la divina gracia. Cuando digo depende de nosotros, me refiero a tomar la iniciativa y a tener confianza, esto es, fe en Él con todas nuestras fuerzas. Y es don de la gracia divina consolidarnos en ella con fortaleza. Por eso, y como nada es imposible para Dios, todo lo puede quien tiene fe, dice el Señor. De Dios es, pues, el poder que nos asiste por medio de la fe. Consciente de esto, dice bienaventurado Pablo en la primera carta a los corintios: “porque a uno le es dado  el don de la sabiduría por medio del Espíritu Santo y otro, también a través de este mismo Espíritu el don de discernimiento, mientras que a un tercero se le otorga la fe en ese mismo Espíritu. ¿Ves como en el catálogo de las gracias espirituales incluye la fe? Los discípulos rogaban al Señor que se la concediera, habiendo puesto ellos antes fe de su parte, y ciertamente se la otorgó tras el cumplimiento de su plan salvífica mediante la venida del Espíritu Santo. Y es que antes de la resurrección era tan débil su fe que se les podía podría acusar de falta de fe. (Cirilo de Alejandría).

 

 

ORACION POR LA PAZ

 Te suplicamos Oh Señor, Dios Nuestro

 que pongas la Paz del cielo 

 en los corazones de los hombres, 

 para que puedas unir a las naciones 

 en una alianza inquebrantable, 

 en el honor de tu Santo Nombre.

 Purifícanos con la limpieza de tu Verdad 

 y guía nuestros pasos en santidad interior.

 Danos concordia y paz a nosotros 

 y a todos los seres vivos de la tierra

 como la diste a nuestros padres cuando te suplicaron

 con fe verdadera,

 dispuestos a obedecer al Santísimo y Todopoderoso.

 Concede a los que nos gobiernan y nos conducen en la tierra,

 un recto uso de la soberanía que les has otorgado. 

 Señor, haz sus criterios conformes 

 a lo que es bueno y agradable a Ti, 

para que, utilizando con reverencia, paz y bondad 

 el poder que les has concedido, 

 puedan encontrar favor ante tus ojos.

 Solo Tú puedes hacerlo,

 esto y mucho más que esto. 

 Gloria a Ti!

 Ahora y Siempre. (San Clemente de Roma, Papa. Año 101)

 

EL CAMINO PARA SALVARSE

Señor ¿son pocos los que se salvan? Él les contestó: Esforzaos en entrar por la puerta angosta”. Esta respuesta parece un intento de eludir la cuestión. El hombre quería saber si serían pocos los que se salvan, pero Cristo le explicó el camino por el cual se podría salvar él mismo. Dijo “esforzaos en entrar por la puerta angosta” ¿qué contestamos a esta objeción? Era necesario y valioso saber cómo un hombre podría obtener la salvación. El Señor se mantuvo en silencio voluntariamente respecto a la pregunta inútil. Y afirma lo esencial, es decir, el conocimiento necesario para realizar aquellas obras que la gente necesita para entrar por la puerta angosta.  (Cirilo de Alejandría).

 

ENTRAR POR LA PUERTA ANGOSTA

Ahora considero mi deber mencionar por qué la puerta para la vida es angosta. Quienquiera entrar, primero y antes que nada, tiene que poseer una fe honrada e incorrupta, y en segundo lugar una vida sin mancha, en la que no exista posibilidad de culpa, de acuerdo a la medida de la justicia humana. Quien se atenga a estas condiciones en voluntad y espíritu, entrará fácilmente por la puerta angosta y marchará por el camino angosto. (Cirilo de Alejandría).

 

MARÍA FUE SUBIDA AL CIELO...

"La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella por no tener pecado original (fue concebida Inmaculada: o sea sin mancha de pecado original) no tenía que recibir el castigo de la enfermedad.  Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad.

Ella murió de amor.  Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir.

Unos catorce años después de la muerte de Jesús, cuando ya había empleado todo su tiempo en enseñar la religión del Salvador a pequeños y grandes, cuando había consolado tantas personas tristes y había ayudado a tantos enfermos y moribundos, hizo saber a los Apóstoles que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo para la eternidad.

Los Apóstoles la amaban como a la más bondadosa de todas las madres y se apresuraron a viajar para recibir de sus maternales labios sus últimos consejos, y de sus sacrosantas manos su última bendición.

Fueron llegando, y con lágrimas copiosas, y de rodillas, besaron esas manos santas que tantas veces los habían bendecido.

Para cada uno de ellos tuvo la excelsa Señora palabras de consuelo y de esperanza.  Y luego, como quien se duerme en el más plácido de los sueños, fue Ella cerrando santamente sus ojos; y su alma, mil veces bendita, partió a la eternidad.

La noticia cundió por toda la ciudad, y no hubo un cristiano que no viniera a llorar junto a su cadáver, como por la muerte de la propia madre.

Su entierro más parecía una procesión de Pascua que un funeral.  Todos cantaban el Aleluya con la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima Protectora en el cielo, para interceder por cada uno de los discípulos de Jesús.

En el aire se sentían suavísimos aromas, y parecía escuchar cada uno, armonías de músicas muy suaves.

Pero, Tomás Apóstol, no había alcanzado a llegar a tiempo.  Cuando arribó ya habían vuelto de sepultar a la Santísima Madre.

Pedro, - dijo Tomás- No me puedes negar el gran favor de poder ir a la tumba de mi madre amabilísima y darle un último beso a esas manos santas que tantas veces me bendijeron.

Y Pedro aceptó.

Se fueron todos hacia el Santo Sepulcro, y cuando ya estaban cerca empezaron a sentir de nuevo suavísimos aromas en el ambiente y armoniosas músicas en el aire.

Abrieron el sepulcro y en vez del cadáver de la Vírgen encontraron solamente...una gran cantidad de flores muy hermosas.  Jesucristo había venido, había resucitado a Su Madre Santísima y la había llevado asunta al cielo. (Juan Damasceno)

 

EL PRIVILEGIO Y LA RESPONSABILIDAD DE LLAMAR PADRE A DIOS

 

Ciertamente el Salvador dijo: "cuando oréis decid: Padre nuestro". No obstante en otro de los evangelistas puede encontrarse que añadió: " que estás en los cielos".

 

Nos concede su propia gloria. Eleva a los esclavos a la dignidad de la libertad. Corona la naturaleza humana con la gloria. Cumple lo predicho en la palabra del Salmista: "sois dioses e hijos del altísimo todos vosotros". He aquí que nos rescata de la condición servil y nos confiere por gracia lo que no tuvimos por naturaleza. Nos permite llamar a Dios Padre, es decir, nos coloca en la línea de los hijos. De él hemos recibido eso y todo lo demás.

 

Por eso nos manda tener confianza y decir en las oraciones "Padre nuestro". Nosotros, habitantes de la tierra y esclavos; nosotros, que estamos sujetos por la ley de la naturaleza al que nos creó, podemos invocar como Padre al que está en los cielos. Con sapientísimo consejo también da a entender eso a los que rezan. Si llamamos a Dios Padre y somos afectados por tan gran dignidad ¿cómo no va a ser necesario vivir de manera perfectamente santa y sin culpa? Ciertamente debemos comportarnos como le agrada al Padre: no pensando ni diciendo nada indigno o indecoroso respecto a la nobleza que se nos ha concedido.

 

Con prudente consejo, como he dicho, el Salvador de todos nos ha concedido llamar a Dios Padre, de manera que sabiendo que somos hijos de Dios nos comportemos como conviene a tal dignidad. De esta manera recibirá nuestras peticiones por medio de Cristo. (Cirilo de Alejandría)

 

UNA SOLA COSA ES NECESARIA

 También el Señor tenía cuerpo y del mismo modo que se dignó encarnarse por nosotros, así se dignó también sufrir hambre y sed. Y por el hecho de dignarse sufrir hambre y sed, se dignó ser alimentado por aquellos a quienes él mismo había enriquecido. Se dignó ser Oleo de Natividad Davoli OMrecibido en hospitalidad no por necesidad, sino por benevolencia. Marta, pues, se ocupaba de remediar las necesidades de aquellas personas hambrientas y sedientas; en su misma casa preparaba con esmero lo que iba a comer y beber aquellos hombres Santos y el Santo de los Santos. ¡Obra hermosa pero pasajera! ¿acaso ha de durar siempre el sentir hambre y sed? cuando nos adhiramos a la bondad sumamente pura y perfecta no rendiremos ya tributo a necesidad alguna.

 ¿Qué deleitaba a María mientras escuchaba? ¿Cuál era su alimento y su bebida? ¿Sabéis qué comía y qué bebía? Preguntémoselo a Él. “Dichosos, dice, quienes tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”. De esta fuente y de este granero de justicia recibía María algunas migajas cuando, hambrienta, se sentaba a los pies del Señor. El Señor le daba entonces en la medida de su capacidad. Ni los discípulos ni los mismos apóstoles tenían entonces capacidad para recibir cuanto les había de dar en su futura mesa; por eso les decía: “todavía tengo muchas cosas que comunicaros, pero ahora no podéis escucharlas”...

 ¿Qué era lo que deleitaba a María? ¿Qué comía? me detengo en esto porque me agrada. Me atrevo a decirlo: comía aquel a quien escuchaba. En efecto, si comía la verdad, ¿no dijo  Él mismo: Yo soy la verdad? ¿Qué más puedo decir? Le comía porque era pan: Yo soy, dice, el pan que te he bajado del cielo. Este es el pan que repone las fuerzas sin agotarse.  (San Agustín)

 MARÍA CANTA ALELUYAS

 El aleluya es ahora para nosotros cántico de viajeros. Nos dirigimos por un camino fatigoso a la patria tranquila, donde, depuestas todas nuestras ocupaciones, no nos quedará más que el Aleluya.

 Esta parte dulcísima había escogido para sí y María, que se mantenía inactiva, a la vez que aprendía y alababa; su hermana Marta, en cambio, estaba ocupada en muchas cosas. Lo que hacía era ciertamente necesario, pero pasajero. (San Agustín)

No hay otro mandamiento mayor que estos

Se dice que Cristo no busca otra cosa que a ti, para que le ames con todo el corazón y cumplas sus mandatos; quien  ama como conviene a Dios, es claro que se esforzará en cumplir sus mandatos. Cuando uno ama fraternalmente a otro procura hacer todo lo que pueda gustar al amado con su propio amor. También nosotros si amamos sinceramente a Dios debemos esforzarnos en cumplir sus mandatos y no hacer ninguna otra cosa que le pueda disgustar. En esto consiste el reino de los cielos, éste es el gozo de los buenos, esto es lo que contiene los bienes infinitos, amarlo como a un hermano y como conviene, amarlo con sinceridad, mostrarle el mayor amor mediante la caridad para con los compañeros. Juan Crisóstomo

 

Discípulos del Señor

A los seguros e inspirados heraldos,

 al coro de sus discípulos, Señor, 

 los has llevado al disfrute y descanso de tus bienes,

 porque aceptaste sus fatigas y muerte

 por encima de toda ofrenda,

 pues eres el único que conoce la intimidad de los corazones.

 Tú qué hiciste más sabio a los pescadores que a los oradores

 y los enviaste como heraldos por toda la tierra,

 por tu indecible amor a los hombres, Cristo Dios,

 da firmeza por ellos a tu iglesia

 y transmite a los fieles tu bendición,

 pues eres el único que conoce la intimidad los corazones.

 Los apóstoles después de haber cumplido primero tus mandatos, enseñaron lo que practicaban, predicando igualmente con toda su fuerza la enseñanza con su comportamiento, y quien lo veía también los invitaba pues era cosa grande el despojarse de las cosas de la vida y pensar siempre en las de arriba, llevar una cruz sobre los hombros y gozar con morir, como lo había ordenado el único que conocen la intimidad de los corazones.

 Así pues, id a todas las gentes, esparciendo por la tierra la semilla de la conversión; regad con las enseñanzas. Mírame, Pedro como debes enseñar recordando tu tropiezo compadece a todos.

 Discípulos míos, amigos y Hermanos míos; os llamo mis discípulos, no esclavos; hijos y herederos míos, lumbreras de todo el universo y rayos brillantes míos, que soy el sol; creyentes dispensadores de mis tesoros; mediadores de mis dones ante Adán, que ha regresado; pilares de mi iglesia a los que yo he sacado del mar, el único que conoce la intimidad de los corazones

 Salvad pues, al mundo con estas cosas, bautizando en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Robusteciéndose  con esas palabras, los apóstoles dijeron al Creador: tú eres Dios sin principio ni fin. Reconociéndote como único Señor, juntamente con tu Padre y el Espíritu, predicaremos como nos has mandado. Quédate con nosotros y por encima de nosotros, Tú, el único que conoce la intimidad de los corazones. (Romano el Cantor s. VI).

 

Al que mucho se le perdona, mucho ama

 A la pecadora has llamado hija, oh Cristo Dios;

 hijo de conversión te ruego me proclames,

  y líbrame de fango de mis acciones.

 Invadida de compunción, la pecadora arrepentida

  gritaba a ti que conoces los secretos, oh Cristo Dios

 como alzaré los ojos hacia ti

 yo que a todos seduje con movimientos de cabeza

 cómo voy a pedirte a Ti, misericordioso,

 yo que he irritado a mi Creador?

 Pero acepta este perfume que suplica con insistencia, Señor,

y concédeme el perdón por el ultraje del fango de mis acciones.

 … has respondido bien, Simón… pues al que tú no has ungido, ésta lo ha perfumado; al que tú  no has lavado con agua, está lo ha hecho con sus lágrimas; al que tú no has saludado con un beso, ésta me ha cubierto de besos, diciendo: me he abrazado a tus pies, para no arrojarme en el fango de mis acciones.

 

Cuando ahora te he mostrado a la que me ama con ternura, te enseñaré amigo mío, quien es el acreedor y te mostraré a sus deudores, de los que tú eres uno y también está que ves llorando. Yo mismo soy el acreedor de ambos y no sólo vuestro, sino también de todos los hombres, pues yo les he prestado todo lo que tienen…

 

No pretendas darme lo que has recibido de mí; y calla para que también se te cancele la deuda. No condenes a la ya condenada, ni desprecies a la ya despreciada; guarda silencio yo no quiero nada de ti ni de ella. Yo soy el Perdonador de ambos y especialmente de todos los hombres… Acude pues a mi gracia para pagarme. Fíjate en la pecadora que ves como a la Iglesia que exclama: estoy apartada, porque me encuentro enraizada en el fango de mis acciones.

 

Marchad, habéis saldado vuestras deudas; caminad porque estáis exentos de todo sometimiento; sois libres, no estéis  de nuevo bajo esclavitud… Así pues, dime también a mí lo mismo, Jesús, pues no soy yo capaz de devolverte lo que te debo. He dilapidado el interés junto con el capital; por eso no me pidas lo que me has prestado: el capital de mi alma y el interés de mi carne. Confórtame,  como Misericordioso que eres, dame facilidades y sácame del fango de mis acciones. (Romano el Cantor)

 

Cuerpo y Sangre de Cristo

«No hallo placer en la comida de corrupción ni en los deleites de la presente vida.

El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, de la semilla de David; su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible.

Reuníos en una sola fe y en Jesucristo.. Rompiendo un solo pan, que es medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir por siempre en Jesucristo». San Ignacio de Antioquía

 

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El Espíritu Santificador

Hacia el Espíritu se vuelve todo el que tiene necesidad de santificación. Le desean todos los que viven según la virtud, como refrescados por su soplo y ayudados en orden a su propio fin natural…. Manantial de santificación, luz inteligible, abastece por sí mismo a toda facultad racional de algo así como cierta claridad para que encuentre la verdad. Inaccesible por naturaleza, aunque comprensible por su bondad, todo lo llena con su poder, pero solamente participan de él los que son dignos, y no con una participación de única medida, sino que reparte su poder en proporción de la fe. Simple en la esencia, es variado en sus maravillas, presente por entero a cada uno, también está por entero en todas partes. Repartido sin mengua de su impasibilidad, se le comparte enteramente, a imagen del rayo solar, cuyo favor se presenta a quien lo goza como si fuera el único, a la vez que alumbra la tierra y el mar, y se mezcla con el aire.

Así también el Espíritu, presente a cada uno de los dispuestos a recibirle, como si cada uno fuera el único, proyecta suficientemente sobre todos su gracia íntegra: de ella gozan los participantes según la capacidad de su misma naturaleza, y no según la posibilidad del Espíritu..... Por medio de él tenemos la elevación de los corazones, la guía de los débiles y la perfección de los proficientes... (Basilio de Cesarea)

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Riega el corazón humillado que anda errante, consumido de hambre y de sed; no hambre de alimento ni sed de bebida, sino de escuchar las palabras del Espíritu. (Romano el Cantor s. VI)

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El amor de María Magdalena

María Magdalena, la que había sido pecadora en la ciudad, amando la Verdad lavó con lágrimas las manchas de sus pecados y se cumple la palabra de la verdad, que dice:le son perdonados sus muchos pecados porque ha amado mucho, pues ella que antes tanto pecaba y se había mantenido fría, después, cuando amó, ardía en llama viva... Se debe considerar cuán grande sería el amor que ardía en el corazón de esta mujer, que no se apartaba del sepulcro del Señor aun después de haberse retirado los discípulos. Buscaba al que no hallaba. Al amante no le basta haber mirado una vez, porque la fuerza del amor acrecienta el deseo de buscar. Así es que primero buscó y no halló; perseveró en buscar, y de ahí resultó hallar; sucedió que con la espera crecieran los deseos y que estos deseos crecidos lograron hallarle. Como hemos dicho los santos deseos crecen con la espera; pues si con la espera desfallecen, no son deseos verdaderos. Ahora bien, ésta Maria que así ama, que otra vez se inclina a mirar dentro del sepulcro que ya había examinado antes, veamos con que resultado la hace buscar de nuevo la fuerza impetuosa de ese amor. (Gregorio Magno)

 

 Padecer con Cristo

Inmolémonos nosotros mismos a Dios, ofrezcámosle  todos los días nuestro ser  con todas nuestras acciones. Estemos dispuestos a todo por causa del Verbo; imitemos su pasión con nuestros padecimientos, honremos su sangre con nuestra sangre, subamos  decididamente a su cruz.

Si eres Simón Cirineo, coge tu cruz y sigue a Cristo. Si estás crucificado con él como un ladrón, como el buen ladrón confía en tu Dios. Si por ti y por tus pecados Cristo fue tratado como un malhechor, lo fue para que tú llegaras a ser justo. Adora al que por ti fue crucificado, e incluso si estás crucificado por tu culpa, saca provecho de tu mismo pecado y compra con la muerte tu salvación. Entra en el paraíso con Jesús y descubre de qué bienes te habías privado. Contempla la hermosura de aquel lugar y deja que fuera quede muerto el murmurador con sus blasfemias. Si eres José de Arimatea, reclama el cuerpo del Señor a quien lo crucificó, y haz tuya la expiación del mundo. Si eres Nicodemo, el que de noche adoraba Dios, ven a enterrar el cuerpo y úngelo con ungüentos. Si eres una de las dos Marías, o Salomé o Juana, llora desde el amanecer; procura ser el primero en ver la piedra quitada y verás también quizá los ángeles o incluso el mismo Jesús. (Gregorio Nacianceno)

 

 

LA HIGUERA ESTÉRIL

El Señor dice: mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar el terreno en balde? Es como si dijese: deja que el terreno de esa higuera estéril quede baldío; así otro árbol vendrá o podrá ser plantado allí. Esto es también lo que sucedió: fueron llamadas la muchedumbre de los paganos y tomaron posesión de la herencia que correspondía a los israelitas. Se convirtieron en pueblo de Dios, en planta del paraíso, en una buena y honorable semilla. Esta sabe cómo producir fruto, no en sombras ni en simbolismos, sino con un servicio inmaculado, en espíritu y verdad, como debe ofrecerse a Dios, que es un ser inmaterial. (Cirilo de Alejandría)

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Tú que hiciste más sabios a los pescadores que a los oradores, y los enviaste como heraldos por toda la tierra, por tu indecible amor a los hombres, Cristo Dios, da firmeza por ellos a tu Iglesia y transmite a los fieles tu bendición, pues eres el Único que conoce la intimidad de los corazones (Romano el Cantor, S. VI)

 

 

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Yo, infeliz no sé qué haré,

por eso grito: “he pecado”.

Como el perdido regresó, yo suplicaré, como la mujer pecadora con lágrimas.

 

Pero, Señor, Señor, líbrame del fango de las obras y sálvame.

Como buen Pastor, no me dejes próximo a las quebradas de las pasiones,

 arráncame de las pasiones en las que me precipito

 

 y purifícame con tu luz divina,

 para que vea tu imagen divina

con conciencia pura y pueda decir:

 

“A ti conviene honor y adoración,

 al Padre y al Hijo con el Espíritu,

 

por parte de toda la creación y siempre,

 

 por los siglos de los siglos, Amigo de los hombres”. (Romano el Cantor, s. VI)

 

 

 

 

 

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SRA. DE LA VICTORIA

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